El niño dotado y sus amigos

Como se dice a veces, el superdotado puede encontrar dificultad en hacerse amigos a causa de su funcionamiento cognitivo atípico, pero en ningún caso se dice que es imposible. 
Aclaración del tema con un artículo de la página web Journaldesfemmes en el que la psicóloga Arielle Adda, psicóloga especialista de la superdotación, nos habla del niño superdotado y de sus relaciones amicales.


El niño dotado y sus amigos 
¿El niño dotado puede tener amigos y conservar una larga amistad? Arielle Adda tranquiliza a los padres. 

«Es un niño que no tiene amigos.». Es, a veces, el único motivo de consulta: varios maestros han alertado a los padres y a ellos-mismos, que no encuentran,  sin embargo, nada de alarmante en su comportamiento cotidiano, les aborda una inquietud repentina al saber que quizás no es exactamente como los demás. En efecto, dan prueba de una curiosidad de espíritu que no es la de su edad y desconcierta por sus comentarios muy pertinentes. 

En definitiva, quizás hay algunas anomalías en su carácter. Se oye hablar de trastornos psiquiátricos discretos en los niños: es cierto que no se parecen exactamente a sus compañeros, aunque sean diferencias muy sutiles; por otra parte no han escapado al ojo perspicaz de sus maestras. 

Los resultados de los tests muestran una respuesta deslumbrante de claridad: un niño que tiene la mente tan aguda se aburre cuando no encuentra posibles interlocutores. Ellos mismos, sus padres, eligen a sus amigos en función del interés común, de diálogos agradables, generalmente tintados de humor que cada uno sabe apreciar, sienten placer en visitarles... No hubieran tenido la idea de cenar en compañía de personas apremiandoles a buscar en su mente un tema de conversación.

¿Por qué sería diferente su niño? El también prefiere hablar con niños que entienden lo que dice y enlazan sus ideas, aunque pueden parecer locas a ojos de los otros. 

Los niños dotados odian generalmente la violencia: No distinguen muy bien lo que puede aportar y sólo ven los inconvenientes: daño en el sentido propio y figurado, cuando los insultos se hacen despiadados, rencores acumulados que desatan auténticas guerras, emociones tan perturbadoras que es imposible escuchar la clase que sigue al recreo, donde la batalla se desarrolló. Un universo infantil dividido entre "amigos" y "enemigos" no tiene nada de agradable cuando los niños dotados prefieren gastar su energía en carreras felices o más bien en organizar verdaderas batallas, que exigen subtiles estrategias. Napoleón más bien que un bárbaro Attila. 

Leer durante el recreo parece más preferible a los combates sin objeto o a conversaciones fútiles y murmuradoras, pero la clase puede, a veces, ser seductora por la proposición de un juego atrayente: el niño dotado tendrá imprimido entonces un movimiento dinámico a niños encantados. 

Estos buenos momentos no borran el sentimiento profundo de soledad que experimenta muy a menudo el niño dotado. Se le debe encontrar un semejante para que se autorice a caer la máscara que ya está haciendose para protegerse contra los miles dardos cuyos autores ni siquiera son conscientes. 

El niño dotado se vuelve prudente incluso antes tener realmente entendida la necesidad de esta reacción casi instintiva de protección. Muy rápidamente, sabe que debe temer los eventos más importantes, la sola evocación de una eventual colonia de vacaciones le indigna, podría suponer un infierno de donde le sería imposible escaparse. El riesgo es demasiado grande y se asombra de que sus padres, aunque atentos, no parecen rendir cuentas de cuando evocan tranquilamente su inscripción. Afortunadamente, existe colonias específicas para los niños dotados que proponen temas precisos en función de su atracciones. Sólo queda convencer al niño receloso y ya escaldado. 

¡Qué felicidad entonces cuando encuentran a un niño tan precavido como él! No tardan en adivinarse y es riéndose con felicidad como quitan su disfraz salvador. Liberados, la mente ligera y toda la aprensión desaparecida, pueden conversar con mucho gusto, segurados de ser entendidos y atendidos. Su interlocutor no va a transformarse de repente en un individuo con mente estrecha, que  lo entiende todo al revés y mira perplejo, incluso inquieto, al niño dotado (por una vez espontáneo) que podría parecer "loco" o, por lo menos, con una extravagancia inquietante. 

La amistad, la verdadera, es un precioso tesoro, no se puede gastar calificando de este término una armonía más superficial, fundada sobre un solo centro de interés común: el diálogo es, entonces, limitado, reducido a este interés, un deporte practicado juntos por ejemplo, pero no se debe pensar que esta armonía significa que el niño dotado encontró, por fin, un verdadero amigo. 

A veces, la decepción es tan fuerte que ya no quiere para nada ver al que parecía a un amigo conveniente: ínfimos malentendidos, imperceptibles pequeñas fisuras, palabras torpes, han provocado heridas, superficiales en apariencia, pero que son en realidad profundas magulladuras de cuya experiencia los niños dotados tienen muy temprano. Les repugna exponer a sus padres afligidos las razones de esta ruptura, temen oír que crean historias por una tontería, que son exigentes, escandalosamente débiles, increíblemente susceptibles y que deben insensibilizarse porque encontrarán muy a menudo este tipo de situaciones. Este discurso realista, pronunciado con las mejores intenciones educativas del mundo, estaría destinado a preparar lo más posible al niño dotado a afrontar el mundo exterior con buenas condiciones. Ocurre,  sin embargo, que estos padres, que se consideran estrictos pedagogos, perciben muy profundamente en ellos un eco lejano de un sufrimiento parecido, experimentado en su infancia, pero prefieren enterrar aún más lejos esta reminiscencia molesta. 

Tampoco se deben desatender ciertas reacciones frecuentes suscitadas por los niños dotas: la envidia que provoca a menudo su capacidad, incluso cuando se aplican a hacerla prácticamente imperceptible borrando sus efectos demasiado espectaculares, puede envenenar la más tranquila de las relaciones de amistad. Del mismo modo, la irritación provocada por sus opiniones, sorprendente de sabiduría, sin que entendamos como han llegado a esta conclusión nítida. 

Encontrar un auténtico amigo es lo que podemos desear para la felicidad de un niño dotado y tengan la posibilidad de conservar esta amistad es aún más precioso. Más tarde, podrán compartir sus tormentos, sus cuestionamientos, seguros de encontrar una escucha atenta al relato de su primer amor y de su primera pena de corazón, etapas obligada al acceso de la vida de adulto. Cada uno conocerá la sensibilidad particular del otro y sabrá cuidarla: ambos experimentan de la misma manera y con la misma intensidad la herida infligida a uno de ellos. 

La amistad entre personas dotadas supera todos los obstáculos, ignora todas las mezquindades, vence los aleas, a veces dramáticos, de la existencia, posee la misma fuerza misteriosa que la que anima el niño dotado de calidades particulares cuando se lanza sobre el camino de su realización y le acompaña sin fallo.

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Arielle Adda es la autora de "Niños superdotados, la inteligencia reconciliada". 


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